jueves, 22 de enero de 2015

Despedida y (No)Crítica 'Whiplash'

Tenía 14 años cuando en septiembre de 2011 cree Fila Diez VIP. No recuerdo muy bien los pensamientos que tenía en aquel entonces. Recuerdo que me vi presionado por gente de mi entorno que quiero muchísimo para empezarlo. Gracias.

En enero de 2015 tengo 18. Ahora si se lo que pienso y son demasiadas cosas. Por momentos incluso pasa por mi mente que el cine ha muerto. Pero no. El cine nació resucitando.

Me gustan las cosas con principio y final, y veo necesario dárselo al blog. Ya solo escribía de estrenos, únicamente de los que me llenaran mucho. No me gusta la idea de tener que abrir esto cada cuatro meses cuando una película –a mi juicio- buena me obligue. Creo que es el momento y la película adecuada para despedirme. Así, cuando vuelva a entrar, recordare los motivos que tengo dentro.

Y, por supuesto, no es un adiós. Sigo teniendo un número elevado y frecuente de visitas pese a la inactividad. Me consta que –sorprendentemente- hay gente a la que le gusta como escribo, comparte opiniones similares, o sencillamente lee críticas porque sí. Sea como sea, me gusta pensar que tras cada numerito de los que veo en “estadísticas” hay una persona leyendo. Y, ojalá, disfrutando la lectura. Gracias. Espero de corazón que si existen esas personas me sepan encontrar. Allá donde escriba, críticas o no. Para mí, para vosotros, o para un señor que me las remunere.

Llevo desde demasiado joven escribiendo de todo. Sigo siendo muy joven, y sigo escribiendo de todo. Cada día, más. Por ello y mil motivos creo que tengo que guardar mi “primera etapa” en una cajita.

No será la última.


Muy pronto, volveremos a contar. Pero esta vez… mucho más alto de 10.



(No)Crítica

En salas de cine, hay días, que llueve sudor y se llora sangre.

Sangre de muchos colores. De mentira, o de verdad.
Sangre, sudor.
Sudor, sangre.

En salas de cine, hay días, que sales  antes de entrar. Y otros, que entras aun después de salir. Y otra vez. Y otra. Y otra. Aunque nadie te invite.

En salas de cine, hay días, que ves la vida en la oscuridad. Pero sin cerrar los ojos. Y otros, que ni la luz del sol más brillante te parece real.

Hay días, y días. Pero no todos hay sangre.

En salas de cine, hay días (y solo recuerdo uno), que no dejas de temblar. Hay días sin calor ni frío. Días donde la temperatura no la puedes elegir.

Y chillas, pero no tienes voz. Hay días que eres mudo. Hay días que te falta color. Y tienes voz, pero eres incapaz de chillar.

En salas de cine, hay días, que intentas seguir el tempo pero se te resbala de las manos. Porque, recuerda, hay sudor. Y sangre.

A veces hay relojes que hacen “tic”, y donde el vecino añade el “tac”. Hay comidas ruidosas, disparos silentes, juguetes rotos, sexo bonito y fundidos que matan. Hay letras de más y cortes de menos. Luces parpadeantes y ganas de besar a la chica de la décima fila que has visto al entrar.

Y no te concentras. O sí. Pero solo porque suena demasiado alto. ¿Solo en tu cabeza?

En salas de cine, hay días, donde estás solo entre 500 personas. Y otros, donde si faltara una sola, nada funcionaría.

Hay regalos, misterios, sonrisas, gente grande siendo pequeña, gente pequeña siendo… aún más pequeña. En una sala de cine, algún día, estará ella.
Y vosotros.

En salas de cine te juro que hay días, que hay putos días, en que no querrías ni todo el oro del mundo por cambiar una sola nota.

A veces, en salas de cine te cambia la vida. Antes o después de haber nacido.

Aplausos únicos e irresponsables. Lagrimas inubicables e inexplicables. Ruidos rápidos y puñetazos certeros. Lagunas en negro y tiempo volante. Personas que faltan y seres intentando dejar de temblar. Dejar de temblar de UNA PUTA VEZ. Imposibles actuales, o verdades futuras.

Incomprensión, pasión, y rabia. A la salida y a la entrada de un cine, mil historias. En el interior, las mismas historias, pero desenfocadas hasta parecer diferentes.


Y en salas de cine, hay días, donde ves una película. Unos días, quizá, es Whiplash.

Otros...
             no.


IGNASI MUÑOZ
Hasta siempre. 
Hasta pronto.

domingo, 12 de octubre de 2014

Crítica-Relato 'Perdida'

Estreno un nuevo formato de hacer críticas. Ahora acompaño la crítica de la película con un relato/reflexión/historia contada con dos puntos de vista. Siempre, claro está, con relación directa (o algo más sutil) con la película de la que se hable. ¡Espero que os guste!

  

Trailer


Crítica - Relato

Suspender el matrimonio

Estás en esa maldita fiesta a la que tu maldita pareja te ha arrastrado. Bebiendo ese maldito vodka barato en un maldito vaso de plástico. Apoyado en esa maldita columna que te separa de la maldita desconocida que duerme contigo. 

Pierdes tu mirada en toda la maldita gente joven que baila en el centro del piso y piensas que tú, hace unos años, eras como ellos. Antes de esa maldita primera cana en tu pelo. Antes de sentirte siempre despreciado.
Antes de ese maldito anillo que hizo lo contrario a uniros.
  
Pero, ¿qué vas a hacer? ¿Ponerle los cuernos? 
¿O...?

Estás en esa fiesta a la que has insistido a ir. No es que te apeteciera mucho, pero estás cansada de no salir de casa.Te sientes sola, cada día más, y tu marido no ayuda. Sientes como su mirada te atraviesa cuando te mira por las mañanas.

Hay tantos críos en esta fiesta… Antes él y tú erais así. No os importaba que os juzgarán. Solo importaba quereros.
Ahora no sabes si sigues con él porque aún hay amor o porque no quieres estar sola con cuarenta tacos.


Pero, ¿qué vas a hacer? ¿Largarte sin decir nada?
¿O...?

David Fincher es uno de los mejores directores comerciales de la actualidad desde la grandiosa ‘Seven’ que firmo en 1995. Salvo por contadas excepciones, mantiene un nivel alto y siempre recomendable. En este caso no solo no es una excepción, sino que además ha realizado una de sus películas listas para combatir por su best film con el paso del tiempo.

Partiendo de una novela de éxito, Gillian Flynn reescribe su historia en forma de guion y la divide con dos puntos de vista de forma muy interesante. Aunque algunos giros se ven algo artificiosos y el guion contiene alguna laguna, Fincher se encarga de taparlas bien.

Y es que obviamente la dirección es lo mejor de la película. Casi parece que disfrutas de un dos por uno, ya que el tono oscuro del film cambia de forma bastante radical en el primer gran giro de guion. Toda la luminosidad de los primeros instantes del giro hacen que sea algo extraño de entrada, pero en seguida se establece un nuevo tipo de película que te mantendrá pegado a la butaca de forma trepidante hasta el tramo final, cuando la oscuridad aparece de nuevo para cerrar el círculo que supone la película. Pero todo ha cambiado ya y, desde luego, te levantas con mal cuerpo.

La culpa la tiene la dirección de David, formal y contenida, pero muy agresiva a la vez. No son pocas las veces que la cámara enfoca una pantalla y parece intentar que te veas reflejado. ¿Qué opinas de Nick y lo que parece que ha hecho? ¿Estás de acuerdo con lo que dice una señora cualquiera en la tele? La crítica a los medios de comunicaciones envuelve toda la película de forma maravillosa.

Te decides a darle un tiempo al asunto. Intentar poner buena cara y sonreírle más. Hacerle el amor, como antes.

Casi no quiere que la toques. Te echa cosas en cara. Discutís más y tú solo quieres salir de ahí.

No sabes lo que te ha pasado, pero hoy, le has pegado.               

Eso lo cambia todo.

Te odias. La odias. La rabia se empieza a apoderar de ti. Estás a medio paso de destrozarla en tus pensamientos.
A medio paso de ser… el hombre que podría matarla.


Pero qué dices, tienes que estar exagerando.

¿O no…?
Te decides a hablar seriamente del asunto. Intentar poner verdades sobre la mesa. Pero ya solo quiere follar.

No piensas dejarle salirse con la suya. Las cosas tiene que afrontarlas como un hombre.

Pero hoy, ese capullo, te ha pegado.


Eso lo cambia todo.

Desde ahí parece que él cada día te odie más. Eres un estorbo. No sabes qué decir por la incertidumbre de que podrá contestar.
Está a medio paso de ser… el hombre que podría matarte.

Pero qué dices, tú no le tienes miedo.


¿O si…? 

Otra persona que aporta muchísimo a Fincher es Jeff Cronenweth, el director de fotografía habitual en sus películas y que de nuevo aporta una atmósfera sombría tan trabajada que resulta perturbadora. Además, se acompaña de forma soberbia por la que quizá se la mejor banda sonora en una película de Fincher. Siempre presente y con unos crescendos maravillosos, se siente tan acorde con las imágenes que te deja en shock en más de una ocasión.

El reparto también aprueba con nota. Lo encabeza Ben Affleck, poniendo cara de Ben Affleck durante todo el metraje (pero esta vez, realmente, su personaje es así) y una Rosamud Pike haciendo el mejor papel de su vida. Personalmente, me ha parecido excelente toda expresión en una secuencia donde ve una entrevista en televisión. Hace mucho que no me sentía tan lejos de entender a la psicología de un personaje porque él mismo no quiere que lo entiendas.

En ámbitos generales, 'Perdida' es un thriller muy entretenido, con un trasfondo muy bien contado y todo bien realizado. A algunos les dejará con ganas de más, y a otros sin ganas de casarse, pero la gran mayoría se dejará abrir la boca por esta historia de personajes viendo como el ser humano se destruye entre si mismo. Es curioso que Fincher lleve más de 19 años hablando de lo mismo sin sonar repetitivo. Touché, David.


Ahora has entendido que en la vida de un hombre hay dos momentos claves.

El primero cuando te das cuenta que esa es la mujer con la que quieres pasar el resto de su vida. El segundo cuando entiendes que era mentira.

El amor es complicado. Y el matrimonio, más. Pero no harías por nadie lo que harás por ella.
Ahora has entendido que en el amor no hay nada exacto.

No sabes si es cuestión de amar más fuerte, de llegar más lejos, o si simplemente se trata de resistir huracanes a su lado.

El amor es complicado. Y el matrimonio, más. Pero ninguna mujer haría lo que tú por él.


Y si quiere seguir jugando a destrozaros 
el uno al otro, vas a jugar 

sábado, 26 de abril de 2014

Crítica 'El viento se levanta'


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Crítica

Deseando el encuentro con el cielo

Era más joven, inexperto y algo insensato la noche de verano que ante mis ojos vi hacerse realidad una común expresión: “Cuando los cerdos vuelen”. Porco Rosso volaba. Lo hacía en un hidroavión rojo precioso, con un carisma inagotable y en un periodo lamentablemente triste. Pero no importaba, porque su pasión era volar. “Un cerdo que no vuela solo es un cerdo”, como en los que se convierten los padres de cierta niñita que nos enseñó el paso de la niñez a la madurez. Esa madurez que tenían todos los personajes alrededor de la estupenda Mononoke.

Han pasado 35 años desde que Hayao Miyazaki hiciera su primer largometraje, una divertidísima historia donde Lupin III se lanzaba al largometraje. En todo este tiempo han sido once los regalos de Hayao Miyazaki, que nos ha dado siempre grandes películas y varias obras maestras. 
Siempre consiguió crear mundos mágicos donde con cualquier edad te gustaría ir. Pero lamentablemente, eso se ha acabado. El maestro se retira (de las películas de larga duración por lo menos) y nos ofrece un último trozo de pastel que le ha costado cinco años cocinar, tras la infravalorada ‘Ponyo en el acantilado’.

La historia de Jiro Horikoshi inspiro a Miyazaki desde joven y por ello no es de extrañar que quisiera contarla. Siendo la primera película de Ghibli basándose en personajes e historia real, uno siente que Hayao se ve completamente como un alter eggo de Jori. Los problemas de vista de Jori no le permitían volar, y los de Hayao no le permiten seguir haciéndonos volar. El inevitable sabor a amarga despedida que posee la película hace casi inevitable que uno se levanta de la butaca cabizbajo.

El viento se levanta’ es la película menos fantasiosa de su autor, donde no hay criaturas extrañas ni mundos imaginarios. Y no los necesita. Consigue hacerte flotar durante todo su metraje casi tanto como en sus mejores obras, narrando una historia  sencilla donde la situación histórica pasa por diversas catástrofes, guerra incluida. Lo que no la convierte en una cinta bélica, estando más cerca de lo contrario. Seguimos a un personaje que quiere hacer aviones hermosas, no terribles batallas.

La película, gozando de una fantástica animación casi pictórica, narra sus más hermosas secuencias sin ningún dialogo. Solo el sonido del viento (o del caos, en un bestial terremoto) consigue ponerte los pelos de punta gracias a lo fácil que resulta sentir empatía con sus bien presentados protagonistas, que ofrecen una historia de amor que fácilmente llevara a algunas personas al llanto.

El film es un homenaje al cielo, con unas espectaculares nubes, al viento capaz de iniciar el amor, al amor en sí mismo... A la vida, en definitiva. Como se nos dice en la película: “Estar vivo es maravilloso”, y Hayao, lo estará para siempre.

La necesidad de contar historias no existiría si nadie fuera a escucharlas. Yo he escuchado e intentado aprender de todo lo que Miyazaki nos ha dicho. Desde el escribir con firmeza hasta el filmar poesía. Desde que era un crío y el misterioso final de Porco Rosso me dejo una sonrisa tonta, hasta que anoche siendo algo menos crío, me dejo con más ganas de llorar que sonreír. Es inevitable teniendo en cuenta que el más grande en mi forma de hacer cine favorita se marcha. 

Pero el viento se levanta...hay que intentar vivir.

martes, 28 de enero de 2014

Crítica 'El lobo de Wall Street'


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Crítica

Uno de los nuestros gilipollas

En un capítulo de la serie de animación “American Dad” el protagonista viaja a 1970 y le dice a Scorsese que le fascina su obra. Este, sorprendido, responde: “Guau, ¿has visto mi peli de seis minutos del tío afeitándose?” Difícilmente alguien hubiera visto que aquel drogadicto iba a estremecer medio mundo con 'Taxi Driver' en breve. Desde aquel momento, con la que es para mí su mejor película, la carrera de Marty siempre ha sido muy variable en cuanto a calidad. Tiene películas malas, regulares, notables, y alguna obra maestra. Personalmente difiero bastante de la mayoría respecto sus últimas películas, en especial ‘Infiltrados’, que le valió su único Oscar. Lo que es seguro es que el cine notará su ausencia si cumple eso de que le quedan solo un par de pelis.

Pero por el momento estamos ante ‘El lobo de Wall Street’, que cuenta la historia real de Jordan Belfort, un broker de Wall Street que comparte con algunos “de arriba” la falta de sentimientos capaces de otorgar vergüenza o remordimientos. Belfort tuvo dinero, poder, mujeres y drogas. Y mucho de todo lo anterior. Ahora mismo, según Wikipedia, apenas ha devuelto un 10% de los 110,4 millones que debe devolver en concepto de indemnizaciones.
En resumen, el personaje perfecto para hacer una película de tres horas y que te pida más.

Martin Scorsese ha creado una pequeña mezcla de géneros durante su metraje. Empieza como una comedia gamberra, se va encaminando hacia la comedia negra, y acaba resultando un drama. Aunque, al fin y al cabo, es un gran drama con muchos gags. Lo que hizo Belfort es lamentable, ¿pero para qué llorar si podemos ver como lanzan enanos a una diana?

No ilumino a nadie al decir que es una película repleta de excesos, que no es ni para niños, ni para gente que no sepa lo que va a ver. Aquí salen tetas cada diez minutos y polvo blanco cada cinco. Si esperas otra cosa, no la veas. Pero muy mal encaminado debes ir para no disfrutar de la película en una sala de cine, porque Scorsese dota el film de un ritmo impresionantemente activo que no te deja respirar en 180 minutos. Paradójicamente, ejerce como una droga potentísima que te mantiene exhausto de energía gracias en parte a un guion trepidante en cuanto a acciones y mejor aún en cuanto a diálogos (rápidos y frescos).


Tampoco creo que tenga que decir que no es solo lo que se ve de fuera. Al igual que 'Spring Breakers' y 'Solo Dios Perdona', tiene mucho donde rebuscar, y aunque de forma más accesible que las dos anteriores también puede llevar a error. Uno de los grandes aciertos del cineasta es no juzgar al protagonista, tan solo nos lo presenta. Pero eso puede llegar a suponer un problema si eres como la gente que engaño Jordan. Durante tres horas de excesos el protagonista expone su punto de vista, y este te puede llegar a convencer de que hacerte rico es algo que debes intentar desde ya, que sería lo mejor que podría pasarte. Pero, con perdón, ‘El lobo de Wall Street’ es una película sobre gilipollas que timan a gilipollas, y si una parte del público es lo suficientemente gilipollas para no distinguir la cara de tristeza con la de resaca, tienen un problema. 
Desconozco tu posición respecto al dinero y no voy a compartir la mía, pero si en algo deberíamos encajar es que no debería quererse para lo que lo quiere Jordan, que es por el simple hecho de tenerlo. Y no solo tenerlo, querer más. Y más. Nunca es suficiente, como decían en la promoción. ¿Y para que querríamos hacer feliz al cliente mientras nuestra cuente corriente siga creciendo? ¡Que se joda el cliente!

Si hay algo extremadamente importante en la película es el reparto, magistral, encabezado por Leonardo DiCaprio, un actor que nunca me había convencido del todo hasta ahora. Para mí seguía siendo el niñato de 'Titanic' que daba una pataleta por no ser nominado al Oscar. Pero Leo ha cambiado de barco. Ha pasado del “Si tu saltas, yo salto” al “Su coño era heroína para mí”. Y si este año no gana la estatuilla (que no lo va a ganar), el día que lo gane todos sabremos que es inmerecido (al igual que su compañero de dirección con Infiltrados). Jordan Belfort es el mejor personaje y la mejor interpretación que vaya a realizar en su vida. Se merece, como poco, tres horas de aplausos. 
Pero aunque eclipse la película, el resto del plantel esta inmenso. Jonah Hill ofrece un papel tan hilarante como divertido, Jean Dujardin da muy bien el pego y McConaughey aparece los diez primeros minutos y le echas de menos las 2h 50’ restantes. El pequeño papel de Jon Favreau se hace algo insufrible porque nadie le pega, y Margot Robbie está muy bien (también su actuación).

En definitiva, ‘El lobo de Wall Street’ es el regreso de un Scorsese perdido y en más plena forma que nunca: Moderno, veloz, divertido, apasionante. Se ha sacado de la manga una película necesaria, porque nunca va mal que nos recuerden la escoria del mundo si es de una forma tan divertida. Además hace pensar en la suerte que tenemos de que no haya un Jordan Belfort vendiendo humo en cada esquina. ¿O tal vez si? ¿Formas parte de la manada? O lo que es casi peor… ¿Quieres hacerlo? ¿Quieres ser uno de los nuestros? Bien, pero recuerda vigilar que no te coma, porque el lobo siempre tiene hambre.

Y ahora vende el puto boli.